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lunes 15 de mayo de 2000

 


«Gran Hermano», con trampa y de cartón

Varios de los participantes son actores y reciben instrucciones de los guionistas y redactores del programa

Actores más o menos profesionales, guionistas de «culebrones» tras la cámara, concursantes asalariados (500.000 al mes), y un contrato de imagen a la salida. Planos fijos y ausencia de conexiones en directo con el confesionario... Un gran éxito y muchas dudas.


María Penedo - Madrid .-













«Interviú», que hoy sale a la venta,
ofrece instantáneas de Ania desnuda
Todo está bajo control en «Gran Hermano». El programa tiene mucho de gran formato televisivo, pero tiene también bastante de montaje cuidadosamente preparado: Guionistas, actores, sueldos, contratos de imagen e incluso alta en la Seguridad Social para diez concursantes, convertidos en trabajadores temporales (tres meses, en el mejor de los casos).... Nada queda a la improvisación. Las benéficas declaraciones de principios en las que se afirmaba que no entrarían actores han quedado desmentidas por la realidad.
    En los casting previos eliminaron a varios periodistas camuflados que esperaban desvelar, en rigurosa primicia, qué se esconde detrás de «Gran Hermano», pero se les «colaron» varios actores. Al menos cuatro de los diez participantes (Jorge, Vanesa, Marina y Ania) son o han sido intérpretes y modelos -de regular fortuna y talento-, o quieren serlo. Ania, presentada desde el principio como modelo, es quien ha desarrollado una carrera más «fulgurante». En la redacción del programa, integrada por veinte personas (diez redactores y diez guionistas), al menos dos de ellas han trabajado como guionistas de telenovelas («Calle Nueva» y «El súper»), acumulando un background muy útil para dotar de la necesaria intensidad dramática la vida de los diez concursantes-trabajadores. La oscura labor de los redactores como transmisores de mensajes sale a la luz con comentarios como el realizado por uno de los participantes el pasado sábado, calificando a Isabel San Sebastián de «déspota». Casualidades de la vida, ese mismo día la periodista había publicado un artículo crítico sobre el programa titulado «El gran engaño».
    Jorge, el más «teatrero» de todos los habitantes de la casa en opinión de familiares y amigos del resto, ha reconocido su participación en numerosos casting. Al novio de María José se le atribuye la intervención como figurante en la serie «Farmacia de guardia». En cualquier caso, y por si quedaban dudas, su «novia», la expulsada María José, ha reconocido en entrevistas que ella y Jorge han planeado estudiar Arte Dramático.
    En cuanto a Vanesa, ha participado en pases de peluquería, aunque hace tiempo que se cortó su larga melena y lo dejó. Su madre, que espera aproveche la oportunidad que se le brinda y no vuelva a la panadería, recuerda que a su hija le llegaron a proponer que se presentara a Miss Navarra, pero ella desistió.
    Por el momento, Marina, la única casada del grupo, es quien más académicamente ha encauzado su vocación por la interpretación. Esta joven teleoperadora está matriculada en la prestigiosa escuela de Cristina Rota. Mientras tanto, ha interpretado su primer papel profesional en un cortometraje de próximo estreno. «Gran Hermano» es la primera gran oportunidad que tiene para demostrar sus capacidades.
    Por su parte, Ania, una vallisoletana dispuesta a abrirse camino en el campo de la interpretación y la moda desde hace tiempo, ha sido figurante en un capítulo de «Siete vidas» y en otro de «Periodistas». Ha pasado modelos e, incluso ha posado desnuda, como se puede ver en la revista «Interviú», donde ofrecen un reportaje gráfico. Para foguearse como actriz, se ha sabido que se presentó a unas pruebas para una obra de teatro del dramaturgo Juan José Alonso Millán. Las fotografías incluidas en su book profesional se cotizan al alza en el mercado de las revistas madrileñas.
    Ania es, junto con Jorge, la que más claramente se manifiesta como actriz en el interior de la casa. A ella corresponden frases como «vamos a darnos un beso y así disparamos la audiencia», que tanto soliviantó a su destinatario, el conspirador Iván. Estas y otras frases hicieron pensar a muchos que ella era el «topo» de la productora en la casa, con el objetivo de mantener siempre alto el listón de las emociones. El segundo «topo» sería Israel, aunque éste último ha perdido fuerza como infiltrado tras romper relaciones con la mitad de los concursantes después de su nominación.
    En cualquier caso, el asunto de los «topos» ha sido desmentido reiteradamente tanto por los productores como por la cadena y los propios familiares. La madre de Israel, ofendida, ha negado «la mayor» a este periódico: «Mi hijo no es un topo». No es topo, pero tampoco tonto. Su padre, según ha contado su madre, mantiene que «Israel sería tonto si no aprovechara esta oportunidad». Por cierto, a los padres de Israel no les ha sentado nada bien que un ya famoso correo de Internet le señalara a él como directivo de la empresa avícola Coren, y desinteresado proveedor diario de ocho huevos de las gallinas de su empresa. Desde su trabajo como operario de una fábrica de rótulos, él, y ATS, ella, claman contra semejante bulo.
   
Contrato de trabajo

Con un completo equipo de guionistas detrás de la cámara y un considerable número de «actores» delante de ella, el tercer vértice del triángulo lo completa el dinero, que fluye en abundancia dentro de la casa (550.000 pesetas mensuales, mientras permanezcan en su interior), y a borbotones fuera, si hemos de creer a María José Galera, la primera concursante eliminada. Desde su experiencia de una semana y media de recobrada libertad y recién descubierta fama, la «novia» de Jorge, ha comentado en el plató a familiares de los participantes que lo que hay que hacer es salir de la casa. «El que salga va a ganar más de 20 millones (premio para el ganador)», les ha advertido.
    Por lo sabido hasta el momento, a María José Galera comienzan a salirle las cuentas. En el plató se comentaba que puede haber cobrado cinco millones por el reportaje exclusivo concedido a «Hola»; además, está anunciada su presencia esta noche en «Crónicas marcianas», una presencia que se ha visto precedida de intensas negociaciones económicas. Y la recogida de beneficios, tras diez días de intensa exposición a las cámaras, no ha hecho más que empezar. Aún faltan los reportajes y entrevistas pagados con su «amado» Jorge en cuanto éste salga de la casa. A medias, se supone, y a descontar el porcentaje que le corresponde a la agencia.
    La mayoría de los diez participantes del programa, que han logrado un contrato de trabajo con alta en la Seguridad Social incluida durante el tiempo de permanencia en el interior de la casa, se enfrentan a la oportunidad de encauzar su vida y están dispuestos a aprovecharlo. Las 550.000 pesetas mensuales estipuladas en el contrato firmado antes de entrar en la casa y los derechos de imagen cedidos a la productora Zepelin por un año, les han hecho plantearse seriamente que puede haber llegado el momento que esperaban para dar un vuelco a su existencia.
    Frente al carácter espontáneo e improvisado que la productora y la cadena se afanan en pregonar, todo parece atado dentro. Son muchos los que se preguntan qué ocurre en la casa cuando se mantienen durante varios minutos planos fijos de la piscina vacía. O cuando durante horas se enfoca el mismo plano de un dormitorio en el que sólo duermen uno o dos de los concursantes. El director dice que pudo deberse a algún problema técnico, pero la duda permanece. Las audiencias de Telecinco, imparables.La productora, en su mejor momento, pensando en segundas partes. Los concursantes, asalariados de lujo, y los espectadores, 'colgados' de una ficción. Al leer el contrato, Vanesa lo tuvo claro: «Uy, pero si estoy trabajando». Pues eso.
   

 
 

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