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«Gran Hermano», con trampa y de cartón
Varios de los participantes son actores y reciben instrucciones de los guionistas y redactores del programa
Actores más o menos profesionales, guionistas de «culebrones» tras la cámara, concursantes asalariados (500.000 al mes), y un contrato de imagen a la salida. Planos fijos y ausencia de conexiones en directo con el confesionario... Un gran éxito y muchas dudas.
María Penedo
- Madrid
.-

«Interviú», que hoy sale a la venta,
ofrece instantáneas de Ania desnuda
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Todo está bajo control en «Gran
Hermano». El programa tiene mucho de gran formato televisivo,
pero tiene también bastante de montaje cuidadosamente preparado:
Guionistas, actores, sueldos, contratos de imagen e incluso alta
en la Seguridad Social para diez concursantes, convertidos en
trabajadores temporales (tres meses, en el mejor de los casos)....
Nada queda a la improvisación. Las benéficas declaraciones
de principios en las que se afirmaba que no entrarían actores
han quedado desmentidas por la realidad.
En los casting previos eliminaron a varios
periodistas camuflados que esperaban desvelar, en rigurosa primicia,
qué se esconde detrás de «Gran Hermano», pero se
les «colaron» varios actores. Al menos cuatro de los diez participantes
(Jorge, Vanesa, Marina y Ania) son o han sido intérpretes
y modelos -de regular fortuna y talento-, o quieren serlo. Ania,
presentada desde el principio como modelo, es quien ha desarrollado
una carrera más «fulgurante». En la redacción del
programa, integrada por veinte personas (diez redactores y diez
guionistas), al menos dos de ellas han trabajado como guionistas
de telenovelas («Calle Nueva» y «El súper»), acumulando
un background muy útil para dotar de la necesaria intensidad
dramática la vida de los diez concursantes-trabajadores.
La oscura labor de los redactores como transmisores de mensajes
sale a la luz con comentarios como el realizado por uno de los
participantes el pasado sábado, calificando a Isabel San
Sebastián de «déspota». Casualidades de la vida,
ese mismo día la periodista había publicado un artículo
crítico sobre el programa titulado «El gran engaño».
Jorge, el más «teatrero» de todos los
habitantes de la casa en opinión de familiares y amigos
del resto, ha reconocido su participación en numerosos
casting. Al novio de María José se le atribuye la
intervención como figurante en la serie «Farmacia de guardia».
En cualquier caso, y por si quedaban dudas, su «novia», la expulsada
María José, ha reconocido en entrevistas que ella
y Jorge han planeado estudiar Arte Dramático.
En cuanto a Vanesa, ha participado en pases
de peluquería, aunque hace tiempo que se cortó su
larga melena y lo dejó. Su madre, que espera aproveche
la oportunidad que se le brinda y no vuelva a la panadería,
recuerda que a su hija le llegaron a proponer que se presentara
a Miss Navarra, pero ella desistió.
Por el momento, Marina, la única casada
del grupo, es quien más académicamente ha encauzado
su vocación por la interpretación. Esta joven teleoperadora
está matriculada en la prestigiosa escuela de Cristina
Rota. Mientras tanto, ha interpretado su primer papel profesional
en un cortometraje de próximo estreno. «Gran Hermano» es
la primera gran oportunidad que tiene para demostrar sus capacidades.
Por su parte, Ania, una vallisoletana dispuesta
a abrirse camino en el campo de la interpretación y la
moda desde hace tiempo, ha sido figurante en un capítulo
de «Siete vidas» y en otro de «Periodistas». Ha pasado modelos
e, incluso ha posado desnuda, como se puede ver en la revista
«Interviú», donde ofrecen un reportaje gráfico.
Para foguearse como actriz, se ha sabido que se presentó
a unas pruebas para una obra de teatro del dramaturgo Juan José
Alonso Millán. Las fotografías incluidas en su book
profesional se cotizan al alza en el mercado de las revistas madrileñas.
Ania es, junto con Jorge, la que más
claramente se manifiesta como actriz en el interior de la casa.
A ella corresponden frases como «vamos a darnos un beso y así
disparamos la audiencia», que tanto soliviantó a su destinatario,
el conspirador Iván. Estas y otras frases hicieron pensar
a muchos que ella era el «topo» de la productora en la casa, con
el objetivo de mantener siempre alto el listón de las emociones.
El segundo «topo» sería Israel, aunque éste último
ha perdido fuerza como infiltrado tras romper relaciones con la
mitad de los concursantes después de su nominación.
En cualquier caso, el asunto de los «topos»
ha sido desmentido reiteradamente tanto por los productores como
por la cadena y los propios familiares. La madre de Israel, ofendida,
ha negado «la mayor» a este periódico: «Mi hijo no es un
topo». No es topo, pero tampoco tonto. Su padre, según
ha contado su madre, mantiene que «Israel sería tonto si
no aprovechara esta oportunidad». Por cierto, a los padres de
Israel no les ha sentado nada bien que un ya famoso correo de
Internet le señalara a él como directivo de la empresa
avícola Coren, y desinteresado proveedor diario de ocho
huevos de las gallinas de su empresa. Desde su trabajo como operario
de una fábrica de rótulos, él, y ATS, ella,
claman contra semejante bulo.
Contrato de trabajo
Con un completo equipo de guionistas detrás de la cámara
y un considerable número de «actores» delante de ella,
el tercer vértice del triángulo lo completa el
dinero, que fluye en abundancia dentro de la casa (550.000 pesetas
mensuales, mientras permanezcan en su interior), y a borbotones
fuera, si hemos de creer a María José Galera,
la primera concursante eliminada. Desde su experiencia de una
semana y media de recobrada libertad y recién descubierta
fama, la «novia» de Jorge, ha comentado en el plató a
familiares de los participantes que lo que hay que hacer es
salir de la casa. «El que salga va a ganar más de 20
millones (premio para el ganador)», les ha advertido.
Por lo sabido hasta el momento, a María
José Galera comienzan a salirle las cuentas. En el plató
se comentaba que puede haber cobrado cinco millones por el reportaje
exclusivo concedido a «Hola»; además, está anunciada
su presencia esta noche en «Crónicas marcianas», una
presencia que se ha visto precedida de intensas negociaciones
económicas. Y la recogida de beneficios, tras diez días
de intensa exposición a las cámaras, no ha hecho
más que empezar. Aún faltan los reportajes y entrevistas
pagados con su «amado» Jorge en cuanto éste salga de
la casa. A medias, se supone, y a descontar el porcentaje que
le corresponde a la agencia.
La mayoría de los diez participantes
del programa, que han logrado un contrato de trabajo con alta
en la Seguridad Social incluida durante el tiempo de permanencia
en el interior de la casa, se enfrentan a la oportunidad de
encauzar su vida y están dispuestos a aprovecharlo. Las
550.000 pesetas mensuales estipuladas en el contrato firmado
antes de entrar en la casa y los derechos de imagen cedidos
a la productora Zepelin por un año, les han hecho plantearse
seriamente que puede haber llegado el momento que esperaban
para dar un vuelco a su existencia.
Frente al carácter espontáneo
e improvisado que la productora y la cadena se afanan en pregonar,
todo parece atado dentro. Son muchos los que se preguntan qué
ocurre en la casa cuando se mantienen durante varios minutos
planos fijos de la piscina vacía. O cuando durante horas
se enfoca el mismo plano de un dormitorio en el que sólo
duermen uno o dos de los concursantes. El director dice que
pudo deberse a algún problema técnico, pero la
duda permanece. Las audiencias de Telecinco, imparables.La productora,
en su mejor momento, pensando en segundas partes. Los concursantes,
asalariados de lujo, y los espectadores, 'colgados' de una ficción.
Al leer el contrato, Vanesa lo tuvo claro: «Uy, pero si estoy
trabajando». Pues eso.
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